lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Con los rulos en la cabeza?

Os envío este vídeo, super corto, pero muy divertido! Se parece a aquel dicho: "encima de cuernos, palos". Si le queremos sacar punta al tema, por lo pronto, denota un tópico ya fuera de uso: rubias = tontas! Y digo tópico, porque, sin ir más lejos, el viernes, en una conversación entre varias mujeres y un hombre, éste afirmaba la predisposición natural de las mujeres a ejercer más de una acción al mismo tiempo, añadiendo que él era incapaz, al igual que sus congéneres. Como se ve en el vídeo, esta mujer sale de ese esquema, pues ha errado la marcha al querer salir del aparcamiento. Aunque no me negaréis que es gracioso el escenario, ja ja ja. Espero que el hombre llevara toallitas limpiadoras, o que la mujer se las prestara!
Dentro de la conversación antes mencionada, comenté hacia las mujeres que estaban allí presentes, que, sin entrar en si yo estaba o no de acuerdo con lo que el caballero había comentado, que sí que entendía que, dando por acertado, para algunos hombres dicho comentario, el asunto era producto de nuestra cultura y, en la mayoría de los casos, por nuestra actitud (la de las mujeres, al menos de alguna generación) de querer asistir y activarnos, sin dar oportunidad a ellos a moverse. En este punto, todas estuvieron de acuerdo y, seguramente, poco a poco, si nos hacemos conscientes de nuestra actitud frente al otro género, compartiremos más y daremos más capacidad a nuestros hombres, con lo que nuestras relaciones ya no serán tan de "dependencia", ganaremos y ganarán en respeto y actitud, llegando a conseguir esas ansiadas relaciones "de iguales".
Con "iguales" no quiero que se me interprete al pié de la letra, me refiero a "de igual valor", pues cada persona, independientemente del género, somos más afines, o estamos más predispuestos a ciertas tareas y formas de actuar con las que nos sentimos más a gusto. Y de eso se trata, de parcelar la relación con la ayuda de esas ventajas, en las que ambos nos sintamos reconfortados y "en equipo".
En mi experiencia como mujer, me doy cuenta de que he sido, en muchas de mis facetas autodidacta. Crecí junto a dos hermanos y una hermana, por lo que el papel que vi entre ambos sexos fue bastante diferente. Cuando me casé, junto a mi marido, tuve dos niños (todos eran hombres!). Esto me hizo reflexionar que algo tenía que cambiar, yo no podía educar y ser partícipe de mermar a mis hijos por ser del género masculino, no podía permitir que se convirtieran en personas dependientes de otros, no al menos por capacidad, pues si la vida les ofrecía una buena posición como para poder pagar por ser servidos, tampoco serían libres de saber elegir o dirigir, si antes no habían ellos aprendido.
He de confesar que no me fue fácil, pues muchas veces la tentación de hacerlo yo más rápido que esperar a que lo hicieran, desde mi punto de vista más eficazmente, creaba un ambiente de angustia por mi falta de paciencia. Como siempre, la vida está de nuestro lado, y llegó un punto en el que Sí o Sí, tenía que delegar, pues llevaba tantos asuntos entre manos que, aquellos requisitos mínimos que me hacían sentirme bien en mi hogar comenzaban a tambalearse. Y sucedió de la mejor de las maneras para permitirme delegar aquel apego que tenía con las tareas habituales diarias: por una parte, mi familia, apenas me veía, me levantaba la primera y me acostaba la última..., y, por otra, la tensión no era la mejor píldora de salud ni de afecto, por lo que parecía que la única solución era esa: confiar, compartir, replantear.
Todo lo confesado ha sido un cambio, un caminar diferente desde la expresión de solucionar, querer y valorar, al tiempo que valorarme. La recompensa, una sensación de "no estar sola", un pequeño esfuerzo (si lo comparo con el resultado) de redirigir ciertos patrones de conducta y una tranquilidad de saber que mi puesta en escena en mi propio hogar es valorada pero no imprescindible. Si sumo los frutos, puedo sentirme relajada de que mi ausencia sería acusada por mi amor, no por mi servicio.
Quien todavía se encuentre con la soga al cuello y dentro de un escenario multidisciplinar donde su forma física se asemeje a un pulpo hiperactivo, los cabellos como si hubiera puesto los dedos en un enchufe, los enanos que le crecen y la recompensa de una palmadita de vez en cuando entre toda suerte de improperios...Va siendo hora de replantearse unos pasos diferentes, parecidos a los que harías si tuvieras 13 años y te preguntaran por tu deseo en un futuro de crear tu propia familia.
Recuerda que el pastel te lo puedes comer a porciones, si intentas comértelo de una pieza, se te atragantará y no lo podrás digerir...paso a paso, pero constante! Apuesta por ti, pues el recibir a tu hogar con una sonrisa no pasará desapercibido: compensarás y te compensará.
Hasta luego!
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