Sus manos, nunca han sido de su agrado, sin embargo, han trasteado y acariciado como las más bellas. Su cuerpo bello, muy bello y armonioso. Aún recuerdo una vez que fuimos a la playa juntas, cuando yo tendría unos 16 años, que vino el que entonces era mi "amigo" y alabó su belleza hacia mí, por no turbar a mi madre o parecer irrespetuoso. Su vitalidad: incalculable, aún se atreve a retar a mi pequeño de 19 años (perdón por lo de pequeño, pues si me agarra con una parte de su brazo me lanza...y me lo ha demostrado!) a lucha de persecución con el consiguiente revolcón de sofá, y podemos hablar del doble de peso y altura..., pues ahí que sigue y no se achica.
Su exterior: presumida, le encanta lucir, vestirse, que salgamos juntas "de tiendas"... Le encanta regalar y comprar los regalos. Le gusta hacer trampas al parchís, aunque se retraiga con el peque, pues él es el rey en ello.
¿Defectos? ¿Quién soy yo para observar sus defectos? ¿Cojo la lupa? ¿Qué son los defectos, sino formas diferentes personales de comportarse? Si me pusieran bajo la lámpara de "hacer hablar" podría decir: su sensibilidad, su sufrir por aquello que no puede ofrecer, su postura de rechazar injusticias...Pero va a ser que ni hay lámpara ni los atributos son imputables de mancha, más bien de una delicadeza a la que le cuesta digerir ciertos percances. Y nunca más a "huevo" justamente el punto de su salud resentido siempre ha sido el estómago!
¿Qué he aprendido de ella? Aún estoy aprendiendo, pues ella no deja de aprender, ¿cómo ponerme al día?
¿Qué admiro? Su elegancia, su porte, su talento en atraer, su dulzura, su timidez, su coquetería, su empuje, su constancia....su fe. Ella sí que mueve montañas!
Desde que adquirí mi visión como coach, he ido observando su maestría con la vida, he comprendido cómo se levanta uno por las mañanas cuando tiene el corazón rasgado, he visto cómo se ilumina cuando ve a sus hijos y cómo desprende energía cuando son sus nietos los que le van a ver: rejuvenece, se crece, les pregunta, comparte su opinión, les dirije, les respeta...les quiere. Muchas veces ha intentado disculparse, como si eso fuera de culpar, de querer tanto a sus nietos, ha intentado que comprendiera que el amor hacia ellos no era superior al que tenía hacia sus hijos, sino diferente, sosegado, tierno, sin prisas, sin explicaciones, sin pulsos...
Bueno, me quedo tranquila de que no os pienso dar la dirección para que la secuestréis. No obstante, si lo intentáis, ahí vosotros con las consecuencias, porque menuda polvorilla cuando toca!
Para desprenderme ya del relato, confesaré que entiendo porqué elegí nacer en su seno...lo entiendo. Esto no quita que la semillita que intervino (mi papi) no haya hecho de las suyas, porque vaya figura, de él, me atrevería a decir que se ha comido el mundo. Tan es así que aquí sigue con nosotros y hace unos cuantos años que le quitaron el estómago. Supongo que ya captaron su capacidad y pensaron que detrás de este planeta iba a por otros...
Un beso enorme!
Hasta pronto!
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