miércoles, 11 de julio de 2012

Liderazgo




Destinado a emprendedores y a aquellos que quieran crear su propio modelaje, me parece interesante aportar una visión que considero esencial para cualquier emprendedor, tanto laboral como vitalmente: el aprendizaje hacia su propio liderazgo.
Como introducción, indicaré las funciones de un líder natural: diseño, servicio y coaching
Según Bill O’Brien, el diseño de ideas rectoras, inicia con el propósito, la visión y los valores centrales que dominarán la vida de la gente.
Las tres funciones prototípicas de liderazgo están interrelacionadas, suceden conjuntamente.
La función de diseño, consiste precisamente en diseñar los mejores procesos de aprendizaje. Éste es un aspecto de retroalimentación, las personas tenemos requerimientos internos, éstos se satisfacen mediante la experiencia en nosotros mismos y muchas veces mediante el reflejo de figuras de autoridad, que podemos tomar como modelo. El aprendizaje constante nos ofrece la oportunidad de conocimiento en todos los ámbitos, no me estoy refiriendo a una recopilación de datos, sino a la integración global, en todos nuestros roles. Muchas veces, el cuestionarnos, el ejercer la escucha atenta y la observación son grandes maestros.
La función de servicio consiste en servir a la visión. Esto cambia la relación entre la pertenencia y la vocación, más bien la transforma. Cuando nos convertimos en discípulos de la visión, de aquello que hemos proyectado conciso y cuantificable, surgen los mejores resultados. Se crea una movilización de recursos, los cuales llevan, a su vez a mejores resultados. Sucede una espiral creciente reforzadora que nos motiva y activa. La responsabilidad del liderazgo sólo produce resultados válidos si es fruto de tu propia opción. La opción es diferente al deseo: la opción es activa, el deseo es pasivo. Casi siempre, desear representa lo que no tenemos. Es un estado de deficiencia, mientras que escoger es un estado de suficiencia. Escogemos lo que realmente nos importa. Todo lo que es importante en nuestra vida es fruto de opciones que tomamos.
La función de líder coach consiste en ayudar a definir la realidad, de modo más preciso, penetrante y, por tanto, potenciador. Se basa en ayudar al otro u otros a identificar sus objetivos y a alcanzarlos. Pero su propósito es que desarrolle las aptitudes internas y movilice sus recursos naturales. El líder coach, se puede desarrollar, de manera natural. Una cita de Lao Tse, muy indicada para este artículo, nos muestra la mayor fortaleza a la que tenemos acceso: “El que sabe mucho de los demás es un entendido, pero más sabio es el que se conoce a  sí mismo. El que domina a los demás es poderoso, pero el que se domina a sí mismo es más fuerte todavía”. Entendiendo dominar como el arte de conocerse a uno mismo.
El acompañamiento del coach, a modo de líder, consistiría en tres pasos:
1.       Conocer lo que auténticamente te importa. Fijar la meta u objetivo. Averiguamos el destino para informar al GPS.
2.       Toma de conciencia de tu realidad actual. Posicionar el GPS en el punto de partida.
3.       Diseño del plan.
La clave fundamental para que consigas algo es que sepas exactamente lo que te importa. Las preguntas para averiguarlo han de concentrar tu atención en lo que te hace progresar, en tus fortalezas, en tus sueños y deseos. Debes crear las cosas que deseas tener, hacer, ser; con las personas que quieres compartirlo; dónde y los sentimientos que determinarán tu vida.
 Si las preguntas se dirigen hacia lo que está mal en tu presente, el resultado será de fijarte en la merma, por lo que eso mismo será lo que suceda. Si quieres cambiar el presente, Joan Palomeras nos indica que, “no es necesario meterte en la arqueología del problema. Tampoco echar la culpa a nadie ni lamentarte”.
Para realizar tu inventario es necesario que lo hagas de forma totalmente enfocada, esto es, poner un foco de luz en lo que auténticamente te importa. Es sorprendente lo que ocurre cuando tienes una representación clara de lo que deseas. Todo tu sistema neurológico se programa para lograrlo.
Para la toma de conciencia de la realidad actual iniciamos por una simple y profunda estrategia: el compromiso con la verdad. Y no me refiero a su aspecto filosófico, sino al empeño para evitar maneras de limitarnos o manipularla para engañarnos, impidiendo ver lo que realmente existe. Esto supone un desafío a nuestras teorías y modelos mentales acerca de que las cosas son como son. Significa ensanchar continuamente nuestra percepción, como solemos hacer en nuestro rol de cuidadores. Estar presentes en nuestra vida, ver el poder real de la acción, no el de las acciones extraordinarias (no habituales), sino lo que hacemos cada día. La conducta versa en lo que hacemos.
Tus decisiones son las que originan la acción, para ello entramos en lo que llamamos el plan de acción, es decir tomar unas decisiones a tu medida, en un tiempo realizables y bajo tus capacidades actuales. Nada exagerado ni difícil, más bien comprometido, como lo haríamos cuando quedamos con un amigo.
Más que cualquier otra cosa, son tus decisiones las que determinan tu destino. Una decisión puede llevarte a un estado de alegría o tristeza, de compañía o soledad, que puedas o no realizar tus sueños, de larga vida o muerte temprana. Cuantas más decisiones tomes, mejor aprenderás a tomarlas. Igual que los músculos se fortalecen al usarlos ocurre lo mismo con  la mente. Aquellas más acertadas te acercarán a tu propósito, las menos acertadas facilitarán un nuevo trazado, te aportarán experiencia. Aquí estamos en el patrón penelista del “ganar-ganar”.
Normalmente los resultados no son fruto de una sola decisión ni acción. Se producen por un conjunto de pequeñas decisiones, después de haber tomado la iniciativa, actuar, perseverar. Como se dice, tomarnos el pastel a porciones.
El coaching con acción te ayudará a aprender a tomar decisiones con rapidez para emprender acciones sencillas que atraerán lo que deseas. Luego, te potenciarán, creando confianza en ti mismo.
Unas últimas notas para favorecer el diseño del Plan, según indica Joan Palomeras.
“Una vez ya sabes lo que quieres, porqué lo quieres, los recursos de que dispones y los que tienes que buscar; seguidamente has confeccionado un inventario abierto de oportunidades y riesgos, lo decisivo son tus acciones para alcanzar esas oportunidades o substituir los riesgos con eficacia. Para orientar y corregir estas acciones necesitas que tu plan de acción sea lo más progresivo posible, paso a paso, con todos los detalles importantes. Cada seguimiento será un puente hacia un nuevo plan. Se ha comprobado que los planes que tienen más éxito, son aquellos que se inician por la meta final y se va retrocediendo hasta el presente. Empezando por las metas definitivas, retrocede paso a paso”.

lunes, 25 de junio de 2012

Deseos, objetivos, anhelos. El bambú japonés


Todos tenemos objetivos, deseos y anhelos, desde muy pequeños. Algunos se cumplen y otros, no perseveramos lo suficiente para que se realicen. La paciencia de sostenerlos nos falla y saltamos a otros de más corto plazo, aquellos que vemos realizables más fácilmente. Sin embargo, algo sutil queda en nuestros adentros que nos lo tiene en cuenta: no lo conseguiste...
Parece que sea algo pendiente, aunque no reunamos el coraje para creer y darnos permiso. Y podemos amanecer un día, después de un largo recorrido, en el que nos pidamos cuentas, en el que nos reclamemos el no haber realizado aquello que aún nos recorre por nuestro interior en forma de decepción, de merma, de deterioro y desgaste de vida.
El boicot interno, aquello que nos "tira del caballo" son mensajes internos (creencias, patrones, guiones...) que dan forma a un tirano que maneja nuestra energía, de tal manera que nos sorprendemos de conseguir a veces cosas impensables y otras no alcanzar las más sencillas.
Puedes ser el arquitecto de tu propia vida, sin embargo, si se te complica mucho, busca opciones, no te des por vencid@, siempre vale la pena conseguir aquello que deseas.
Una de las maravillas del coaching es disponer de un entrenador que ilumine aquellas zonas que tú mism@ no puedes ver y detienen tu avance, tu ilusión, tu felicidad auténtica; a tu medida.

Creo que vale la pena la paciencia y la perseverancia .Te comparto un escrito sobre el bambú japonés que me encantó:
      "No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.
      También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: "¡Crece, maldita seas!".
      Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas, la planta de bambú crece... ¡más de 30 metros!
      ¿Tarda sólo seis semanas en crecer?
      ¡No! La verdad es que se toma siete años para crecer y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que vendrá después.
      En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.
      Quizá por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados a corto plazo abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.
      De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.
   En esos momentos (que todos tenemos), recordemos el ciclo de maduración del bambú japonés. Y no bajemos los brazos ni abandonemos por no ver el resultado esperado, ya que sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.

jueves, 14 de junio de 2012

Preocuparse vs ocuparse


Muchas veces no vemos las cosas en su totalidad hasta pasado un tiempo. Y solemos ser impacientes, por lo que sufrimos por elección, aunque sea inconsciente. En el día a día solemos ver, y a duras penas, aquello que tenemos delante de las narices. Pero lo vemos según pensamos, no como otro lo pueda ver. Lo que nos sucede sí o sí es aprendizaje, pero puede que aún estemos instalados en la versión "el vaso medio vacío", o tal vez priorizar el traducir cualquier situación con la versión negativa o pesimista, siendo el mismo porcentaje optativo de pensar, ante la duda, puede que sea algo bueno y que aún no lo esté viendo...pronto lo veré.
Sucede que automatizamos aquello que estamos llenos de sentir desde la sociedad, quien suele elegir, hasta en las noticias del telediario, la parte depresiva de las cosas, aquello que nos lleva a vivir compungidos. Cuando ya tengas bastante de esa postura ante la vida, te invito a esa porción de FE en la que tú mism@ comiences a dar otra alternativa, más beneficiosa en todos los aspectos, a tus momentos.
Hablo de fe en la vida, en tu propia persona y tus circunstancias. De esa parte reconfortante en la que te indica que todo está bien, esa paz interior de sorprenderte a diario ante los sucesos de tu vida con agrado, sin miedo. Puede que lo que a primera vista parezca una mala noticia: quedarte sin empleo, tener un contratiempo, llegar tarde a una cita,...sea porque algo mejor te esté esperando. Aunque si estás muy vinculado al pesimismo, puede que te lleguen cosas buenísimas y que ni tan siquiera las veas, en cambio sí las de otros...
Para facilitar lo expresado, lo ilustro con un cuento del libro "Ligero de equipaje" de Carlos G. Vallés:

Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos.
Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: "¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!".
Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Éste les respondió: "¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!".
Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró aquello como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: "¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!".
Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, le dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? "¿Mala suerte?  ¡Quién sabe!".


Si adoptamos esta actitud neutra ante las cosas, viviremos mucho más tranquilos y responsables. No nos adelantaremos a la preocupación, sino que nos ocuparemos cuando suceda el tema en concreto. De esta manera, no nos pasaremos la vida preocupados antes, durante y después! Así será más fácil vivir el momento y facilitar nuestra felicidad.

domingo, 10 de junio de 2012

Fluyendo en la complejidad humana


Imagen de internet

Esta mañana, una amiga me ha enviado el siguiente mail (los nombres los he cambiado):
Mi amiga Berta vive detrás de mi casa, y tiene una perrita que se llama Lola, es una bóxer. La quiero mucho, es un encanto. Cuando su niño de casi dos años llora, la Lola le hace mimos, qué te parece??”
Lo que primero ha construido, en segundos,  mi mente ha sido la escena entre la perrita y el bebé. Ese amor que los caninos regalan como parte de su indumentaria. Es como si hablaran el mismo idioma, sin necesidad de normas, fundamentalismos o versiones de “bien y mal”. Sin juicios, tan sencillo como empatizar y, libres de condicionamientos, estar ahí, ofreciendo su amor desinteresado y fluido. Seguro que a la perrita no le ha hecho falta saber qué le pasaba, ella sentía su emoción y la equilibraba. Tampoco tenía que recriminarle: “ahora no se llora” o “no molestes” o “aún no es hora de comer” o “si hubieras cenado lo que te ofreció tu madre ahora no estarías hambriento” o “ahora no tengo ganas de atenderte, estoy ocupada”…
Hay actitudes en las personas que están tan “amaestradas” que poco queda en ellas de natural. Lo que solemos decir “de humano”. Sin embargo, los caninos muchas veces nos superan en este aspecto. No están sometidos a tantos tabúes, patrones, guiones o condicionamientos. Viven en el ahora y totalmente libres, aunque supeditados a nuestros convencionalismos.
Mi respuesta ha sido directa, sin elaboración: AMOR. Los animales se rigen por inteligencias vibratorias, no por la lógica o racional con la que nosotros hemos sido adiestrados. Su base de análisis es más certera, pues no "ha lugar" a las malinterpretaciones o medias verdades!”

imagen de internet

Recuerdo una escena de una película (pero no su título) en la que un niño había entablado amistad con un perrito que actuaba en un circo (un Golden retriever). Este perrito, creo recordar que era maltratado por su dueño, de manera que le hacía trabajar para él sin apenas la recompensa de amor que los animales desean (también las personas, pero ponemos otros condimentos por delante!!). Durante un tiempo, en la huida del perrito, está conviviendo en casa del niño con la aceptación de su madre. Al poco, paseando, lo reconoce su dueño en un parque público y reclama su pertenencia, la madre intenta negociar con su dueño, pero éste no acepta. El perrito y el niño, haciendo equipo vuelven a huir, pero la madre explica lo inexplicable, en un idioma de sensatez y regido por las “normas sociales”, que tenía la obligación de permitir que el dueño se llevara a su perro, a pesar de que ni el perro ni la madre ni el niño estuvieran de acuerdo.
La escena retenida en mi mente se dibuja en una montaña. El niño va con el perrito hasta allí con una mochila en su espalda, en la que lleva un frisbee (el disco volador que se lanza con la mano). Con lágrimas en los ojos y el corazón confungido, alzando la voz, le dice al perro “Vete, vete lejos que ya no te quiero”.  Su voz era entrecortada, a pesar de la fuerza para que saliese de su garganta… El perro que siempre era muy obediente se quedaba inmóvil, pues escuchaba la orden que mencionaba su voz y los gestos de las manos, pero sentía la incoherencia del mensaje de su emoción “te quiero y no quiero separarme de ti”. Este último era más fuerte y certero para el perro, no había error. El niño lloraba, temblaba de impotencia, estaba rojo de rabia. No era feliz.
Esa escena fue de gran impacto en lo que muchas veces las personas pretendemos saltar por encima, obviando las otras inteligencias que disponemos: la social, la emocional, la intuitiva y la física. [Tal vez algún lector note a faltar la espiritual, la podemos combinar con un plano superior de la intuitiva…]. Todas estas son vibratorias, en código binario (si, no; me acerco, me alejo; me gusta, no me gusta; me apetece, no me apetece; me tranquiliza, me altera; me alegra, me entristece…). No las podemos argumentar, esa es tarea de la lógica, pero ya vemos que con sólo la racional el mensaje queda incompleto.
En nuestra cultura, la forma en que construimos nuestros pensamientos y recuerdos es bajo las instrucciones de la inteligencia lógica, aquella que nos da una serie de reglas y datos, una información que administrar y secuenciar. Sin embargo, con sólo ella, queda coja nuestra experiencia, pues siempre hay una emoción, una sensación, un intangible vibracional que completa en nuestro recuerdo. ¿Cómo te explicas que un aroma te lleve a tal recorrido emocional (alegría, tristeza, rabia, miedo…)? Si acudiéramos sólo a la lógica, seríamos robots, máquinas en las que las lágrimas de alegría o tristeza fueran en forma de colirio sintético.
Por cierto, al final lanza el niño tan lejos el frisbee que aprovecha el recorrido de su distancia para marchar y permitir que el dueño recupere al perro. Snif…

imagen de internet

Entiendes ahora un poquito más nuestra complejidad, al tiempo que la maravilla de estar presentes en nuestra vida y conocernos y respetarnos sin etiquetas?

jueves, 24 de mayo de 2012

Los distintos puntos de vista


Os comparto parte de un correo que me ha llegado, con el propósito de que seamos conscientes de los distintos puntos de vista que muchas veces, nosotros mismos manejamos. 


En el ejemplo, se habla de un inmueble, pero lo podemos aplicar a la vida familiar y a la profesional.



Tu casa vista por:
Ti...



P
or el Comprador ... ?

P
or el banco ...

P
or el Tasador ...

Y por la Agencia Tributaria
...
 

Cuando a nuestr@s hij@s, sobrin@s, alguien al que queremos "aconsejar" o sencillamente mostrarles con todo tipo de tamices, según nuestros propios miedos, creencias, valores e interpretaciones de la vida, es decir bajo nuestros modelos mentales, sucede algo parecido. Hay una tendencia a manipular hacia la conveniencia que prima en cada caso. 
Pongamos el ejemplo de un hij@ preadolescente con el que estamos negociando la hora "festiva" de volver a casa. ¿Tenemos en cuenta su propia responsabilidad? ¿Recordamos las normas bajo las que éramos dirigidos y estábamos de acuerdo o no? ¿Somos conscientes de la época actual? ¿Del lugar, zona, amistades, compañías...? ¿Compartimos diálogos con los que conocer a nuestr@ propi@ hij@? Seguro que es mucho más fácil si, dado el momento, somos conscientes de éstos y otros condicionantes. 


Otro ejemplo, en el terreno laboral, es cuando iniciamos o bien deseamos promocionarnos, en el caso de trabajar por cuenta ajena; los distintos puntos de vista del empresario y del trabajador!!! Seguramente que si iniciamos por valorarnos, así realizaremos nuestro trabajo, dando valor; por lo tanto, ya no será tan  distante la visión del empresario en negociar nuestras propuestas. En el caso inverso, el empresario verá el aporte de la tarea que desempeña el trabajador o colaborador, por lo que sus visiones podrán acercarse más.


Darnos valor es apreciar. Es sentir que aquello que desarrollamos a diario aporta a más allá de nosotros mismos, que ponemos nuestro granito de arena...sentirnos útiles y satisfechos. Cuanta más emoción, pasión, más energía esparcimos. Tal vez si observas tu apuesta diaria, podrás graduar o dirigir tus acciones de manera que, al acabar la jornada, hayas experimentado una satisfacción tal que llegues a casa o vayas a compartir con tus amigos un café con las pilas recargadas. Muy distinto a pasar el día de forma autómata, que llegas sin ganas y falto de energía.


¿Qué tal si lo pruebas?

martes, 8 de mayo de 2012

Coaching en Barcelona Divina


En estas breves páginas (119 y 120) del nº 75, correspondientes a la impresión de Primavera-Verano'12, de la Revista Barcelona Divina, junto a mis colegas Raimon Samsó y Montse Cascalló, os hemos descrito con sencillez aquello que aporta el coaching.
Os dejo abajo el enlace de la Revista en formato digital para que la podáis hojear.
















domingo, 6 de mayo de 2012

La sabiduría que aporta la vejez

Os comparto un escrito, que me ha llegado, por el mensaje que nos da. Lo sabemos intrínsecamente, sin embargo, solemos olvidarnos y vivir bajo otras prioridades en nuestro pensamiento. Nos recuerda que la vida es una experiencia, por tanto, un cúmulo de elecciones diarias. Una de las formas por las que podemos optar es hacerlo con ilusión, esa sonrisa que contagia, y amor-humor. Seguramente que todo lo que tengamos que decidir, con esta fórmula será más fácil y agradable.
Suele llegar esa sabiduría a la vejez, por la cantidad de veces que nos lo hemos recordado, por tantas vivencias propias y ajenas con las que hemos aprendido. Bueno, no estaría mal, usar esa sabiduría sin tener que esperar...




Las mil Canicas…
Cuanto más envejezco, más disfruto de las mañanas del sábado.

Tal vez es la quieta soledad que viene por ser el primero en levantarse o quizá el increíble gozo de no tener que ir al trabajo, de todas maneras, las primeras horas de un sábado son en extremo deliciosas.

Hace unas cuantas semanas, me dirigía hacia mi equipo de radio-aficionado, con una humeante taza de café en una mano y el periódico en la otra, lo que comenzó como una típica mañana de sábado, se convirtió en una de esas lecciones que la vida parece darnos de vez en cuando, déjenme contarles:

Sintonicé mi equipo de radio en banda de 20 metros, para entrar en una red de intercambio de sábado en la mañana, después de un rato, me topé con un colega que sonaba un tanto mayor, él le estaba diciendo a su interlocutor, algo acerca de "unas mil canicas", quedé intrigado y me detuve para escuchar con atención:

- Bueno, Tomás, -decía- de veras que parece que estás ocupado con tu trabajo, estoy seguro que te pagan bien, pero es una lástima que tengas que estar fuera de casa y lejos de tu familia tanto tiempo. Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar 70 horas a la semana para sobrevivir.

¡Qué triste que te perdieras la presentación teatral de tu hija!, continuó:

- Dejame decirte algo, Tomás, algo que me ha ayudado a mantener una buena perspectiva sobre mis prioridades, y entonces fue cuando empezó a explicar su teoría sobre las "mil canicas".

- Mira, me senté un día e hice algo de aritmética, la persona promedio vive unos 75 años, algunos viven más y otros menos, pero en promedio, la gente vive unos 75 años, entonces multipliqué 75 años por 52 semanas por año y obtuve 3.900 que es la cantidad de sábados que la persona promedio habrá de tener en toda su vida.

- No te distraigas y sígueme Tomás, que voy a la parte importante, me tomó hasta que casi tenía 55 años pensar todo esto en detalle, Continuó:

- Y para ese entonces, con mis 55 años, ¡¡ya había vivido más de 2.800 sábados!!, me puse a pensar que si llegaba a los 75, sólo me quedaban 1.000 sábados más que disfrutar.

Así que fui a una juguetería y compré todas las canicas que tenían, tuve que visitar 3 tiendas para obtener 1.000 canicas, las llevé a casa y las puse en una fuente de cristal transparente, junto a mi equipo de radio aficionado, yo seguía escuchando atentamente:

- Cada sábado, a partir de entonces, tomé una canica y la he tirado, descubrí que al observar como disminuían las bolitas, me enfocaba más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida, no hay nada como ver cómo se te agota tu tiempo en la tierra, para ajustar y adaptar tus prioridades en la vida.

Ahora déjame decirte una última cosa antes que nos despidamos y lleve a mi bella esposa a desayunar, esta mañana, saqué la última canica de la fuente de cristal y entonces me di cuenta de que si vivo hasta el próximo sábado me habrá sido dado un poquito más de tiempo de vida y si hay algo que todos podemos usar, es un poco más de tiempo, me gustó estar en contacto contigo Tomás, y espero que puedas estar más tiempo con tu familia, hasta pronto, se despide "el hombre de 75 años, cambio y fuera, ¡Buen día!

Uno podría haber oído un alfiler caer al suelo en la banda cuando este amigo se desconectó, creo que nos dio a todos bastante para pensar.

Yo había planeado trabajar en la antena aquella mañana y luego iba a reunirme con unos cuantos radio aficionados para preparar la nueva circular del Club, en vez de aquello, desperté a mi esposa con un beso, "Vamos querida, te quiero llevar con los chicos a desayunar afuera", - ¿Qué pasa? - preguntó ella sorprendida, - Nada; es que no hemos pasado un sábado junto con los chicos en mucho tiempo.

- Por cierto, ¿podemos parar en la juguetería mientras estamos fuera? Necesito comprar algunas canicas.

Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde…
A tomar café corriendo porque estamos atrasados…
A comer un sándwich porque no da tiempo para comer a gusto…
A salir del trabajo porque ya es la tarde…
A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día…
A esperar el día entero y oír en el teléfono: "hoy no puedo ir"…
A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta…
A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos…
A sentarnos en la fila 1 del cine y torcer un poco el cuello porque estaba lleno…
A mojarnos sólo los pies y sudar el resto del cuerpo porque la playa está contaminada…
A pensar en el fin de semana porque el trabajo está duro…
A dormir todo el fin de semana porque siempre tenemos sueño atrasado…
¡¡¡ Nos acostumbramos a ahorrar la vida..!!!

Que poco a poco, igual se gasta… y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.
Alguien dijo:
"La muerte esta tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja"
Si fuiste capaz de leer hasta acá, es posible que necesites releer alguna frase, no importa si es el principio, y lo mejor es que todavía tienes tiempo,
no importa cuánto, es el que tienes y cada día merece ser vivido sin ahorrar VIDA.
Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes.
ALBERT EINSTEIN

domingo, 29 de abril de 2012

La autenticidad de la inocencia

Os he recreado una presentación que me llegó hace tiempo, ensalzando el poder de la inocencia, de aquella autenticidad que todos llevamos dentro, pero que vamos perdiendo de vista, de la conciencia. Es un privilegio el sostener su presencia y ser conscientes en todo momento de todo cuanto podemos experimentar con nuestros sentidos. El principal, escucharnos, y hacer caso a aquellas sensaciones no tangibles, que nos llevan a bienestar, a un estado de plenitud, de "savoir faire", de vivir cada momento y saborearlo,... de llenarnos. ¿Eres consciente de cuánto tienes a tu alcance? ¿Qué crees que te frena a realizarte, a tu auténtica felicidad???

sábado, 28 de abril de 2012

Mensajes

Dedico esta presentación, recibida hace tiempo desde una querida amiga a Joan, .
Con mucho cariño :-)

jueves, 5 de abril de 2012

¿Escuchamos o nos repetimos como loros?



Os traslado una anécdota que me ha contado uno de los alumnos del curso de comunicación, en este caso una chica, la llamaré Lucía. Es de agradecer, pues la semilla está actuando…
Yendo a la compra, con prisas por salir en breve de viaje de Semana Santa, ha sido casi asaltada por un joven que intentaba, a toda costa, que le diera sus datos para enviarle por correo una VISA ORO de la empresa financiera a la que representaba.
Lucía le ha comentado que ya se la habían ofrecido telefónicamente, que no era de su interés ni utilidad, que le estaba muy agradecida pero que el fin de la tarjeta distaba mucho de su posición económica. La respuesta del joven era de insistir en que le diera los datos y que ya la dejaba continuar con sus tareas. Lucía, en un acto de ser coherente con su tiempo, no sólo del momento, sino del diario y de  la empresa que representa el joven, le ha pronunciado “flaco favor me haces”, voy muy justa de tiempo en mis quehaceres diarios y sólo me falta incrementar y dispersar. El joven no ha reaccionado con empatía, sino que ha dado muestras, no sólo de no haber escuchado para nada lo que Lucía le estaba diciendo, desde su propia honestidad, sino que le ha propinado un gesto despectivo, como de no colaboración por lo que él quería y no recibía.
Verdaderamente, yo me pregunto si a estos jóvenes que les dan unas charlas (suelen pronunciar lo mismo al inicio de su discurso), incluso cursos de ventas, si realmente les introducen en el mundo de la comunicación.
Si entendemos que una venta surge de una propuesta que una empresa ofrece para cubrir una necesidad, siendo de la índole que sea (emocional o pragmática), y que el posible cliente no está recibiendo esa información como una oportunidad, sino como una amenaza (a su tiempo, dinero, coherencia, prioridades, etc.) ¿creéis que la venta sucederá?


Entiendo que la comunicación es un diálogo que va de un emisor a un receptor, en el que intervienen la escucha y el feedback. Si ya nos saltamos los principios básicos, en la intentona de vender como sea, ¿a qué jugamos? Por supuesto que, en el caso de ventas, debe haber más ingredientes, como el atractivo del producto para el supuesto cliente y el facilitar o trasladar una mejora en su acto.
Si esto lo trasladamos al cómo nos comunicamos con nosotros mismo, surge la pregunta ¿te escuchas? ¿escuchas a los otros? O tal vez creas supuestos y te imaginas lo que la otra persona te pueda decir!
A veces, corremos tanto, que nos olvidamos de lo más sencillo y amable del ser humano y las relaciones: el crear placer y arte en una comunicación. Esa forma de reconocimiento nuestro y del otro.